En Qué Creemos
EN QUÉ CREEMOS

Estas son las doctrinas básicas de la fe cristiana y principios no negociables en los que creemos.

Acerca de la Biblia

La Palabra de Dios —comúnmente llamada la Biblia— es el mensaje que por su inspiración, Dios ha dado a los hombres, y por lo tanto es infalible en todo lo que afirma. Es además, la única fuente de revelación en materia de doctrina y conducta para todos los tiempos y personas (Éxodo 17.14; Jeremías 1.9; Salmos 119.105,160; 2 Timoteo 1.13, 3.16; 2 Pedro 1.19-21).

Acerca de Dios

Dios es eterno, existente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estos tres son iguales y un solo Dios. Dios es el creador del universo, al cual mantiene en equilibrio siguiendo las leyes que él mismo formuló y estableció. Conforme a su propósito de gracia, envió al Señor Jesucristo para salvar a la raza humana (Deuteronomio 6.4; Mateo 28.19; Hebreos 1.5-6; Gálatas 4.4-6 Génesis 1:1, 26, 27; 3:22; Salmos 90:2; Mateo28:19; 1ª Pedro 1.2; II Corintios 13:14).

Acerca de Jesucristo

Jesucristo es Dios manifestado en carne, nacido de la virgen María por obra del Espíritu Santo. En su humanidad, Cristo fue verdadero Dios y verdadero hombre. Con su mensaje, maravillas, prodigios y milagros, comunicó la voluntad de Dios para la humanidad, tal como lo narran los cuatro evangelios. Es nuestro único Salvador y Señor. Para tal fin, venció a la muerte siendo crucificado, muerto, sepultado y resucitado al tercer día. Con su obra, pagó a Dios el precio por el rescate del pecado para toda la humanidad. Ascendió al cielo, de donde volverá en forma corporal y visible para arrebatar a los suyos y establecer posteriormente su reino. Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres, es quien intercede ahora en el cielo a favor de los salvados en calidad de sumo sacerdote o pontífice (Juan 1.1-3, 18, 14.6-9; 1 Pedro 1.18-19; Hechos 2.31; 1 Tesalonicenses 4.13-17; Malaquías 1:22-23; Isaías 9:6; Judas 1:1-5; 14:10-30; Hebreos 4:14-15; 1ª Corintios 15:3-4; Romanos 1:3-4; Hechos 1:9-11; 1 Timoteo 6.14-15; Timoteo 2:13).

Acerca del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es una persona, Dios y posee todos sus atributos. Mora en el interior de todos los que aceptaron a Cristo como Salvador y Señor, regenerándolos y sellándolos en el momento de su conversión. Quienes han confesado todos sus pecados, renunciaron íntegramente a su ayer y gozan de la plenitud de Dios. Es el Espíritu Santo quien capacita a cada miembro del cuerpo de Cristo para que pueda servir en el lugar en que Dios lo ha ubicado. Lo hace otorgándole dones para la bendición, edificación y crecimiento de todo el cuerpo. El Espíritu engendra y conduce la alabanza y la adoración para rendir tributo y gloria aceptable a Dios (Salmos 139.7-10; 1 Pedro 1.11; Juan 15.16; Efesios 5.18-19; Gálatas 5.22-23; II Corintios 3:17; Juan 16:7-13; 14:16,17; Hechos 1:8; 1Corintios 2:12; 3:16; Efesios 1:13; Gálatas 5:25; Efesios 5:18).

Acerca del Reino de los cielos

La presencia actual del reino de Dios (o reino de los cielos) en todos los que recibimos al Señor Jesús es real. Por su parte, todos los salvados viven en el reino de Dios. La soberanía de Dios demanda de nosotros sujeción, santificación de vida y gracia para que quienes no conocen a Dios le vean a través nuestro (Jn. 3.3, 5; Hch. 20.25; Ro. 14.17; 1Cor. 4.20; 6.9; Col. 1.13; 1 Tes. 2.12). Tiene vigencia eterna.

Acerca del Reino de las Tinieblas

La presencia actual del reino de las tinieblas es real y verdadera. Creado por el diablo (que también es Satanás), en el momento que se reveló contra Dios y perdió su perfección. Por su calidad de ser creado y caído, tanto él como sus seguidores, tienen poderes limitados. Su trabajo principal es oponerse a Dios y los suyos, procurando destruir el reino de Dios. En consecuencia, todos los cristianos están en constante lucha con él y sus aliados, para anular sus estrategias y vencer sus ataques, teniendo el desafío de ayudar al prójimo a salir de ese reino, en el que se encuentra desde su nacimiento (Is 14.12-27; Jn 16.11; Ef 6.12; Heb 2.14; 1 Pe 2.9).

Acerca del ser humano

El hombre está hecho a la imagen espiritual de Dios. Para ser como El en carácter. El hombre es el objeto supremo de la creación de Dios. Aunque tiene tremendo potencial para el bien, está manchado por la tendencia de desobedecer a Dios. Esta desobediencia, se llama "pecado". El pecado separa a las personas de Dios y causa muchos problemas en la vida. (Gé 1:17; Sal 8:3-6; Is 53:6a; Ro 3:23; Is 59:1,2).

Acerca de la Salvación

La Salvación, es el regalo de Dios para nosotros, pero es necesario aceptarlo. No podemos pagar por nuestros pecados, ni con las buenas obras o la superación personal. Sólo al confiar en que Jesucristo es la oferta de Dios para el perdón de nuestros pecados, podemos ser salvos de la penalidad del pecado. Cuando nos volvemos de una vida autocontrolada, a una vida controlada por Cristo, somos salvos. La vida eterna empieza en el momento en que uno recibe a Cristo como su Salvador y Señor de su vida. (Romanos 6:23; Efesios 2:8-9; Juan 14:6; 1:12; Tito 3:5; Gálatas 3:26; Romanos 5:1).

Acerca de la Iglesia

Entendemos a la Iglesia como una gran familia, donde Dios es el Padre que nos convoca a su mesa. Cada miembro del cuerpo de Cristo (la iglesia), es responsable por perseverar en su comunión personal con el Señor y con los hermanos, como único modo para el avance del evangelio y la extensión del reino de Dios. Siendo glorificar a Dios el objetivo de la iglesia, la conducta santa y la comunión mutua son claves para los logros de ese propósito. El estilo de vida cristiana que responde al ADN que sustenta la Iglesia del Encuentro, incentiva la voluntad unánime de honrar al Señor. Cada uno tiene que esforzarse para utilizar la capacidad con la cual el Espíritu lo ha dotado, a fin de realizar los cambios en su conducta personal (vida íntima), en sus relaciones con la familia, o en sus labores cotidianas que le permitan constituirse en un factor importante para el testimonio dentro y fuera de la iglesia (Ro 12.1-2; Fil 2.2; 1 P 3.16).

Acerca del Testimonio

Tenemos una responsabilidad social que está implícita en la labor evangelística. El Señor Jesús manifestó la necesidad de aplicar a nuestro prójimo el amor a Dios. La atención a las necesidades de quienes nos rodean deben motivar el compromiso de la iglesia en las buenas obras. El hambre, la desnudez y la falta de justicia social tienen que movilizar los sentimientos cristianos genuinos de todos los miembros del cuerpo de Cristo (Mateo 19.19; 22.39; Romanos 13.9-10; Gálatas 5.14; 6.10; 1 Timoteo 2.10; 6.18; 2 Timoteo 3.17; Tito 2.14; Santiago 1.27; 2.8, 15; 1 Juan 3.18).

Acerca de la eternidad

Las personas fueron creadas para existir por siempre, existimos separados de Dios por el pecado o unidos eternamente con Dios por su perdón y Salvación. La separación eterna de Dios, es el infierno. El vivir en unión eterna con El, es la vida eterna. El cielo y el infierno son lugares reales para una existencia eterna real. (Juan 2:25; Juan 5:11-13; Romanos 6:23; Apocalipsis 20:15; Mateo 1:8; Mateo 2:44,46).

Fundamentos sólidos para una fe auténtica

Estas doctrinas fundamentales son el fundamento sobre el cual construimos nuestra fe y nuestra vida en comunidad. Son verdades eternas que nos guían en nuestro caminar con Dios.